jueves, 19 de abril de 2018

Maite Alvarado y Gloria Pampillo - Taller de escritura. Con las manos en la masa

"Pensando en el rotundo fracaso de la escuela en la enseñanza de la lengua, creemos que ha llegado la hora de empezar a vincular más directamente esa enseñanza con el juego, explotando el aspecto lúdico -rico y diverso- del lenguaje, para propiciar el dominio de este a través del trabajo creativo (vía de acceso privilegiada, a su vez, al discurso literario). Desde esta perspectiva, el taller de escritura adquiere una importancia mayor como metodología de aprendizaje. A través de consignas -que el propio docente, después de familiarizarse con el trabajo, puede elaborar- es posible analizar y poner en práctica aspectos de la lengua, a la vez que se ejercita una escritura experimental, ligada al juego, y una lectura exploratoria y creativa, que abre el camino a un contacto más productivo con la literatura."



Compartimos este libro de Alvarado y Pamillo, en cuya lectura aprendemos y nos hacemos preguntas sobre el trabajo de escritura. Invitamos a otrxs a aventurarse en este texto, haciendo click acá

jueves, 12 de abril de 2018

Presentamos La mediación de lectura en Barriletes

La mediación de lectura en Barriletes. Saberes de una biblioteca comunitaria


El viernes 23 de marzo a las 19 horas presentamos el cuarto libro de Ediciones Barriletes e inauguramos así la serie Cuadernos de Trabajo. Rodeadxs de amigxs y compañerxs apostamos por nuevas formas de producir conocimiento, de escribir y leer en comunidad, y de trabajo que prioricen los lazos de afecto. Vivir juntxs, creemos, se trata de esto.



Este libro fue escrito por lxs talleristas barrileterxs Lautaro Maidana, Hernán Hirchsfeld y Milena Frank, y diseñado por Candela Caudana. 

Pensamos en un cuaderno porque es un objeto que asociamos a la infancia. Son los niños y las niñas quienes diariamente los usan para comenzar a ensayar sus primeros dibujos, escrituras y cuentas. También, un cuaderno es un material de ensayo, de apunte, de trabajo. Es un objeto personal e íntimo en donde guardamos aquello que vamos aprendiendo, que queremos recordar o seguir pensando en otra ocasión.

Quisimos guardar en forma de cuaderno los apuntes del gran ovillo que es la mediación de lectura. Esta práctica teorizada por diversxs autores es para la biblioteca comunitaria de Barriletes un modo de trabajo, un modo de vincularnos con otras personas. Consiste sencillamente en construir(se) un tiempo para generar encuentros y tender puentes de ida y vuelta hacia lo poético. Para esto no existen recetas fáciles o modelos a seguir, porque el territorio de la poesía es travieso e inquieto. Cada texto nos interpela, nos proporciona distintos modos de establecer dinámicas para entusiasmar a otros en su lectura.

La mediación de lectura en Barriletes. Saberes de una biblioteca comunitaria es el primero de una serie de Ediciones Barriletes llamada “Cuadernos de Trabajo”, que pretende mostrar la diversidad de prácticas comunitarias de lectura. En este caso, no se trata de un manual ni de un recetario para pensar la lectura, sino que más bien busca hacer preguntas sobre nuestras prácticas con el objeto literario.

Como siempre, Ediciones Barriletes es un proyecto que crece de la misma forma que todo nuestro catálogo, de modo autogestivo y con el apoyo de muchas personas. 

Agradecemos a las editoriales y librerxs de Paraná que nos acompañaron (Curiosa Exhibicionista, Providencia Galería, Gretel Schroeder, Saltacharcos Libros, y Vaporeso Libros), a todo el equipo barriletero que estuvo presente (Alicia, Rubén, Naza, Verena, Vero, Stefa, Martín, Abel, Amandine, Joaco, Pablo, Pamela, Fede y una lista interminable!)

















sábado, 24 de marzo de 2018

Carta al lobo - por Laura Devetach

Querido don Lobo:
Cuántos años han pasado ¿no? Seguramente usted está entrecano y con algún diente postizo, igual que yo. Seguramente tendrá nietos. Yo tengo una que se llama Sidonia. Tuvimos varias discusiones de familia para que no la llamaran con un sobrenombre, Gordi, por ejemplo. Porque tenía unos rollitos que Ud. se hubiera almorzado con fruición.
Hablé con mi hija y mi yerno y les conté lo feo que fue para mí darme cuenta, ya de grande, que mi nombre real se borró de un saque porque a mi abuela se le ocurrió llamarme para siempre como a esa capucha roja hecha por sus propias manos. Y lo peor es que yo no me daba cuenta. Y el mundo entero la apoyó.
Usted se preguntará por qué le escribo. Bueno, ya que no lo maté cuatro o cinco veces como por momentos tuve ganas, hoy quiero atar algunos hilos sueltos de nuestra historia.
Sarah Moon

Quiero contarle por ejemplo que yo fui al bosque porque mi mamá, con esa maldita costumbre que suelen tener muchos grandes, me mandaba de delegada frente a mi abuela en lugar de ir ella. ¿No le parece arbitrario que mamá (sin motivos conocidos) mande a nena chica a que atraviese bosque con lobo para llevar manteca y tortas a abuela enferma? No entiendo por qué, si usted estaba en el bosque y ella lo sabía y también sabía de su apetito, esa mamá mía no me acompañó o me enseñó a defenderme.
¿A usted le enseñaron algo sobre las chicas que iban al bosque? Seguro que le dijeron que yo solamente era "comida" y que para ser un buen lobo había que comerse una chica.
Bueno, ahí andaba yo, sola. Pero el bosque estaba lleno de otras cosas. Además de las flores con las que mi mamá me dijo que no me entretuviera, había pájaros, escarabajos que hacían divertidas pelotas, cañas para hacer flautas, olores misteriosos. Me llené de preguntas. ¿Por qué las palomas hacían nidos tan pero tan chatos que los huevitos se les caían? ¿Por qué el pino y su fruto, la piña, tenían la misma forma puntiaguda? Si se lo preguntaba a mamá o a mi abuela me contestaban: "Porque sí" o "Porque Dios lo quiso", o que una chica debe estar ocupada y no andar preguntando pavadas. Alguna vez el leñador me enseñó a orientarme en el bosque mirando de qué lado crecía el musgo en los árboles. Pero no lo terminé de entender, y lo veía tan poco…
Yo sentía que tanto mi mamá como mi abuela siempre tenían razón. Y esa mala costumbre de que no se me escaparan pensamientos me ponía bastante mal. Cuando me encontré con usted sólo recordé la advertencia de mamá. "Cuidado con el lobo". Pero –me dije atolondrada- ¿cuidado de qué? Encima me había entretenido con las flores, dos pecados juntos, pensar si la vieja no estaría equivocada y tirarme una canita al aire. Para colmo usted era amable, poderoso y pícaro. Con una sola pregunta, con tres frases que me dijo, logró que yo le ubicara la casa de mi abuela que fuéramos los dos para allá, y encima, usted por el camino más corto y yo por el más largo. La muy mamerta sólo hizo lo que sabía: obedecer.
Después, cuando entré a la casa y mi abuela salió con esa idea de que me sacara la ropa y me acostara con ella, me sentí para el diablo, pero a los mayores no se los contradice y menos si están enfermos.
A partir de ahí poco y nada recuerdo. Sólo el miedo y la oscuridad.
Sarah Moon

Dicen que usted me comió entera. Gracias, eso ayudó a que saliera bien parada. El leñador se portó, hizo lo suyo ese muchacho. La que salió muy enojada fue mi abuela que repetía todo el tiempo: "Yo le dije a tu madre, yo le dije a tu madre".
En fin, don Lobo, pasó mucho tiempo. Pero cuando yo salí de su panza y pude sacudirme un poco el susto, me dije: "A éstas ya no les hago más caso". No sé si seguirá tan bestia como antes o cambió un poco después de semejante experiencia. Lo que sí sé es que sigue vivito y coleando y tiene hijos y nietos como yo. Y que algo podría haber pensado sobre estas cosas.
Mi mamá y mi abuela siguen diciendo que verdades eran las de antes y que las mujeres no tenemos que pensar pavadas porque esa es la voluntad de Dios y si no, nos come el lobo. También es cierto que mi mamá a veces me mira con curiosidad y una chispa verde parecida a la envidia.
La historia, para mí, siguió para adelante con mi hija, con la nieta. Cada tanto la pequeña Sidonia tiene que cruzar el bosque. Eso es inevitable, ni siquiera es noticia. Siempre se encuentra con todo lo probable de encontrar en un bosque. Pero ella sabe algo sobre esas cosas. ¡Con los tiempos que estamos viviendo!
La última vez se encontró con un lobito bastante piola y se hicieron tan pero tan amigos que no dan para personajes de cuentos como el que vivimos nosotros. Me alegro. Aunque parezca mentira, algo cambió en este mundo y por lo menos esta nieta mía necesita un cuento diferente.
Desde todos estos años que me sirvieron para mirarme mejor, lo saluda atte.

Caperucita Roja
Mayo 1989

En Devetach, L. (1991). Oficio de palabrera. Literatura para chicos y vida cotidiana. Córdoba: Comunicarte, 2012.


jueves, 4 de enero de 2018

Taller de poesía en la escuela Benavento


Frente a la inmensidad del Cosmos: crónica del taller con el sexto grado turno tarde.

Por Milena Frank



1. Recuerdos

Hay una serie de HBO que me voló la peluca, se llama Westworld. Entre tanto que hay para decir sobre esta serie, me interesa sobre todo el modo en que interroga al espectador por aquello que nos hace humanos. Y es que creo que en los relatos de ciencia ficción, la pregunta por qué es lo humano está siempre presente, implícita o explícitamente. Esta serie cuenta sobre un parque temático, ambientado en el viejo oeste norteamericano y poblado por androides que “viven” día a día las mismas narrativas, escritas y programadas por los ingenieros del parque. Las personas pagan por estar el tiempo que quieran visitando y aventurándose en un mundo pasado en el cual pueden hacer lo que deseen con los robots pobladores, incluso matarlos, porque estos androides tienen escrito en su código genético que no pueden dañar a un humano. 

Imagen promocional de Westworld

Lo que desencadena el problema en este aparente paraíso artificial es el recuerdo. Los androides comienzan a recordar sus vidas y muertes pasadas y así se despiertan por su propia voluntad. Es porque recuerdan que aprenden, que develan los mecanismos de su propio funcionamiento y los del parque. Es así como en esta serie, lo que define lo humano es un acto tan ínfimo como recordar. 
No paro de pensar en esto cuando leo los poemas de Alfredo Veiravé. Es un escritor y profesor de literatura que nació en Gualeguay y por muchos años vivió en Chaco. A sus libros los conocí en la Biblioteca de Barri, cuando mis amigxs estaban juntándose para leer literatura entrerriana. Leí sobre todo los últimos poemarios suyos. Por eso lo pienso tan asociado a la ciencia ficción. Hay varios momentos distintos que se pueden identificar en la obra poética de Veiravé. Junto a Lautaro y Carla elegimos una colección de poemas que trabajan el futuro y lo espacial. 

Aunque nos citáramos por teléfono

Me asombró esta noticia científica: frente a la inmensidad
del Cosmos, todo parece frívolo, las preocupaciones humanas
            insignificantes.
Y realmente me obligó a cerrar el libro de Sagan esta otra: si nos soltaran
al azar dentro del espacio cósmico más escéptico         
la probabilidad de que nos encontráramos
            sería inferior a una parte entre
mil millones de billones (10;33).
No obstante, mientras encendía el fuego de la chimenea,
tuve la esperanza de que girando lentamente entre las islas estelares
una vez, cada 250 millones de años, una tarde fría de otoño
con lloviznas, yo podría pasar al lado tuyo, cuando solitaria,
tomas el lento whisky de la noche oscura, a 40 millones de años luz   
    de Resistencia.


¿Podremos recordar a alguien “si nos soltaran al azar dentro del espacio cósmico”? ¿Cómo es que nos encontramos con quienes nos encontramos “frente a la inmensidad del Cosmos”? Ese fue el primer poema que leímos junto a lxs gurises. Así empezamos a charlar sobre lo que haríamos en los encuentros mensuales con ellxs, sobre qué tienen que ver la poesía y la ciencia ficción, sobre qué es la ciencia ficción. 
Una de las primeras cosas que sabemos de la ciencia ficción por este poema es que nos enfrenta a la inmensidad del cosmos. Esa inmensidad, que, como les decía Lautaro a lxs gurises, puede traernos esperanzas o darnos miedo. Esa inmensidad que, para nosotrxs en los talleres, se llamó futuro. 


2. El aula que se transformó en museo
Scott Listfeld, Death to humans

Lo primero que hicimos en el primer taller fue recorrer el aula mirando las obras que dispusimos como si estuviéramos en un museo. Todas imágenes visuales que de algún modo u otro tematizaban el futuro. Había collages de un artista estadounidense, Scott Listfield, una serie de pinturas de futuristas rusas, fotografías de movimiento, dibujos de ciudades imaginadas en el siglo XIX. 
Lxs chicxs nos esperaron afuera del aula hasta que terminamos de preparar la muestra, y luego, nos presentamos y lxs invitamos a pasar. Recorrieron su aula -un espacio que habitan cuatro horas todos los días-, buscando estas imágenes que estaban colgadas en distintas paredes, en las ventanas, en el pizarrón. 
Estuvimos mucho tiempo así. Charlamos sobre lo que nos parecía que comunicaban, los personajes que identificábamos, las que más nos gustaban o las que no. Después, lxs chicxs de a poco volvieron a sentarse en ronda, como estaban dispuestos los bancos ya antes de que nosotrxs llegáramos. Entonces anotamos algunas palabras que nos surgieron de ese momento, de esas imágenes: futuro, presente, pasado, ficción, bomba. Y también, Lautaro escribió un poema desde un comentario de uno de los chicos: “Todo me trata de decir/ una cosa/ pero no sé;/ no la escucho.”   
Ese primer momento de llegar al aula y descubrir las imágenes fue una de las escenas más luminosas. Sin decir mucho, riéndose, señalando algún detalle. De esas imágenes dibujadas pasamos a una imagen escrita. Llevamos el poema de Veiravé que cité antes, transcripto en un afiche. Lo leímos a dos voces, dispuestos a uno y otro lado del aula junto con Lautaro. Nos quedamos con las ganas de decir más de este poema. Con la pregunta por qué les significó a lxs chicxs. Les contamos brevemente quién fue Veiravé, a qué Resistencia se hace mención en ese poema. Nos preguntamos qué es un poema, qué imagen del futuro esconde éste. Tocó el recreo. 


3. Imaginar un futuro

Cuando volvemos del recreo recordamos la propuesta. En una hoja blanca, imaginar un futuro sobre el que puedan dibujar o escribir. Un futuro que puede ser de hoy para mañana, o dentro de diez, veinte, cien, millones de años. Un futuro que sea definido por cada quien. 
Diana, la docente, nos comenta que recién ahora están empezando con la producción escrita, que por ahí podía costarles. Me siento en otro lado y un chico me pregunta si podía traerlo la próxima, porque quería hacerlo en la compu. 

Paleofuturo
                                     
Me sorprende la concentración de lxs gurises. Hasta el siguiente recreo estuvimos dibujando y escribiendo, y le pedimos a la otra profe, Margarita, que nos dé un ratito más para hacer un cierre. Ese pedido lo repetimos en los próximos talleres. En esta escuela, como ven, la poesía verdaderamente importa y tiene un lugar en la currícula. 


4. Radar en la tormenta

                Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar
                     el poema aterriza en la pista, a ciegas,
                                            (entre relámpagos)
      corretea bajo la lluvia, y al detener sus turbinas,  descienden
      de él, pasajeros aliviados de la muerte: las palabras.

Cuando volvimos del recreo juntamos las hojas y les contamos a lxs gurises de dónde veníamos y qué queríamos compartir junto a ellxs en este taller de poesía. El poema llegó al final de nuestra pequeña presentación,  y después de leerlo les dejamos dos preguntas hasta el próximo encuentro: ¿cómo se presentarían en el futuro? y ¿por qué las palabras para Veiravé son “pasajeros aliviados de la muerte”? 


5. El fanzine Futuro

Pensar el futuro en un taller con sexto grado apela directo al corazón. Esto es así porque lxs gurises están atravesando la decisión sobre en qué secundaria seguir y deben despedir quizás a algunxs amigxs, despedir a sus docentes, despedir un lugar que habitaron seis años de su niñez, todas las mañanas o las tardes, de lunes a viernes. Por eso, quisimos trabajar junto a ellxs en la confección de un objeto que, a modo de cápsula del tiempo, pueda guardar algo de lo que sienten, piensan, inventan, creen, comparten con sus compañeros, este año. 
Después de dos talleres en los que seguimos leyendo la colección de poemas de Veiravé y pensando qué es futuro, la poesía, los recuerdos y la ciencia ficción, en el último encuentro les propusimos reunir todo lo que habían producido en un fanzine. Para eso, le pedimos ayuda a Martín Pérez Campos, compañero barriletero que es gran conocedor de este arte. 
Para hacer un fanzine se necesita creatividad de collage. En hojas blancas dispusimos figuritas, tipografías, lenguajes inventados, historias, historietas, dibujos. El fanzine es fácilmente reproducible. Sólo necesitas una fotocopiadora para hacer las copias que quieras. Martín reunió las producciones de cada estudiante y así resultó el fanzine Futuro, una producción colectiva de todo el sexto grado de la tarde. En este taller lxs vi a todxs muy entusiasmadxs. Yo estaba re entusiasmada. No podía creer que haya resultado todo un lenguaje a partir de una propuesta: inventar un saludo del futuro. También me sorprendí al ver que Alfredo Veiravé era el malo en una de las historietas. O me copé cuando uno de los gurises me trajo la semana siguiente que fui a la escuela por otro taller, la continuación de su historia. 
Hacia el final de su colación les pudimos entregar sus copias. Con algunxs ahora nos seguimos por Instagram. Otrxs se coparon para seguir un taller de lectura y escritura en Barriletes este año. Habrá que ver qué siguen diciendo los encuentros infinitamente inciertos del cosmos. 
De los talleres de este año me quedé deseosa de seguir explorando en las potencias de imaginar futuros que queremos vivir, futuros posibles. Porque creo que en esa actividad se enjambran el arte, lo poético, lo íntimo, lo político, lo comunitario. 









sábado, 28 de octubre de 2017

Encuentro con Graciela Montes

Revista Barriletes, núm. 193, octubre 2017, pp. 16-17
Sección: Apuntes de taller

"Me gusta que las cosas me desafíen”

Crónica de un paseo hacia el encuentro con Graciela Montes



Por Lautaro Maidana

A mediados de julio de este año, compañeros de la Biblioteca “Esos otros mundos” de Barriletes viajaron a La Plata para participar de una conversación con la escritora Graciela Montes. El encuentro fue organizado por la Biblioteca Popular “La chicharra” que es parte de la Asociación Civil “La grieta”, un colectivo de artistas, educadores y comunicadores que trabaja hace 25 años en el barrio platense Meridiano V. Las redes que conectan a personas, instituciones, autores y lectores son muchas y sutiles. En esta crónica, un barriletero nos cuenta sus impresiones de este mapa de afectos.



Un viaje –hoy me gusta más llamarlo paseo– transforma las reglas habituales del tiempo, las distancias y las responsabilidades. En un paseo como el que hice en julio me gusta dejar que la marcha de las cosas me sorprenda. No son muchos los días que tengo a la mano, por eso trato de impregnar mi cuerpo con todo lo que la ciudad tiene para ofrecerme. Llevo una libretita donde anoto cosas, cuando puedo y con una letra horrible. Lo único que registro con seriedad son los gastos, porque cuando regrese las monedas que me sobren serán aliadas en la supervivencia diaria.

De tanta excitación, a la ida no puedo dormir más de cuatro horas. La mañana de un viernes 14 de julio nos recibe lluviosa afuera de la Terminal de Retiro. Abordamos con Mile otro colectivo a La Plata. Las ventanas cerradas y empañadas no me dejan ver la ciudad que hay afuera, entonces me entretengo mirando cómo otros pasajeros se sacan varias selfies. Arrancamos el primer mate de nuestro paseo. Un movimiento brusco hace que salte el agua caliente, me queme un poco la mano e instintivamente pegue un grito. “El mate en cualquier situación delata nuestra extranjería”, piensa Milena.

A las 10 de la mañana ya estamos en “la ciudad del futuro”, como imaginaban a La Plata cuando fue planificada a fines del siglo XIX. Queremos ir al Paseo del Bosque, pero por más ordenada que sea la trama urbana, nos perdemos igual. En el camino nos tropezamos en sus veredas rotas y embarradas, las esquinas sin semáforos nos amenazan y las calles numeradas nos despistan. Encima yo, mientras camino, no puedo no mirar las casas, las líneas de los cables, las formas de los árboles, la basura desparramada donde imagino encontrar tesoros, los movimientos de la gente, lo que dicen los carteles… Creo que me falta dormir más, por eso ando tanto en Bavia.

Caminando por el Bosque
Por fin llegamos al Bosque. Nos dejamos atraer por lo que llama nuestra atención, total todavía falta para el encuentro con Graciela Montes. Seguimos la orilla de un lago hasta llegar a una especie de juego de cavernas. Entramos y después salimos a un caminito de columnas griegas rematadas con vasijas que tienen motivos mitológicos en relieve (ninfas, viejos sátiros y héroes estilizados). Un poco más allá está el Anfiteatro del Lago. Todo enrejado: no podemos entrar. Todo, también, hecho en una onda media griega o renacentista. Pura copia e impostura. La ciudad nos devela los sueños modernistas de quienes la construyeron fines del XIX. Saneamiento y dispersión para los ciudadanos de la Atenas de América.

Pero no nos quejamos. A mí todo me maravilla. Nos metemos al Museo de Ciencias Naturales y tenemos tanta excitación que soltamos algunas risotadas. El tiempo vuela y ya deberíamos pensar cómo atravesar la ciudad de norte a sur para llegar al Barrio Meridiano V. Decidimos tomar un tren porque sería lo más barato, pero en el intento de salir del Bosque hacia la estación de trenes, ¡nos perdemos! Si estuviéramos en un cuento de hadas, algún benefactor vendría en nuestro auxilio, pero no nos queda otra que probar suerte y seguir caminando. Llegamos bastante hambrientos a la estación, y mientras almorzamos en el andén caemos en la cuenta de que el tren que estamos esperando no es la mejor opción para llegar a destino. Lo más conveniente es tomar un colectivo, así que pedimos indicaciones y nos vamos hacia la parada prestando mucha atención. No quiero volver a perderme y sin embargo las ansias de llegar al encuentro con Graciela poco a poco me van llenando el cuerpo de hormigas que no me dejan pensar con claridad.

No consigo orientarme en el colectivo. Me dejo llevar por las paredes cubiertas de graffitis, consignas, dibujos y murales. Por suerte está Milena controlando el recorrido y me avisa de golpe que hemos llegado al galpón ferroviario donde funciona la Biblioteca “La chicharra”. El tiempo se nos viene encima justo cuando entramos. Adentro, un grupo de mujeres amorosas nos recibe con algarabía. No nos conocemos personalmente, salvo por contactos a través de las redes. Pero nos esperan con el cuidado que cualquier huésped auténtico sabe construir.

Estamos en uno de los barrios culturales más importantes y orilleros de La Plata. En todo lo que sentimos hay un aire de trabajo por la belleza y la comunidad. En el entrepiso del galpón donde funcionan talleres de arte, serigrafía y objetos, entre otros, las palabras de Andrea Iriart nos hacen recorrer más de 25 años de trabajo barrial, de redes afectivas y de lucha autogestiva. En la planta baja, la tarea archivística de “La chicharra” nos fascina. Desde hace años esta biblioteca se ha encargado de guardar y dar a conocer no solo los Libros que muerden (una muestra de libros y escritores censurados, prohibidos o perseguidos durante la última dictadura cívico-militar), sino también otras colecciones como las del Centro Editor de América Latina (Ceal). Entre mates y pastelitos (porque la lluvia nos pone golosos) seguimos charlando y conociéndonos. Se hacen las cinco y por la puerta de entrada se asoman las verdaderas visitas de esta tarde: Amanda Toubes, Graciela Montes y Ricardo Figueiras. Sin hacer mucho ruido nos vamos con Mile a ubicarnos en las butacas del salón donde se va a desarrollar la charla. Escuchamos cómo van y vienen otra vez las anfitrionas mostrando los rincones de la casa a los recién llegados. De a poco va llegando más y más gente para vivir este acontecimiento. Una cierta alegría de estar juntos nos recorre adentro del cuerpo.


Hace alrededor de 15 años que Graciela Montes no tiene una intervención pública como esta. Ni como autora de nuevos libros, ni como formadora de transmisores culturales. “Estoy retirada de la escritura, pero lo que me quede de energías lo voy a dedicar a entender el mundo que nos pasa”, arranca diciendo. La confesión de Graciela, que tiene 70 años ya, nos deja admirados. Nos cuenta que está leyendo en su ebook (donde puede poner más grandes las letras para facilitarle el trabajo a sus ojos) libros sobre la física del tiempo y sobre la historia de la humanidad. Pero después se acuerda que no quería arrancar la conversación contándonos esto, sino con un recuerdo de hace muchos años.

En ese recuerdo, Graciela es una joven estudiante de literatura y tiene que ir a una escuela a hacer sus prácticas docentes. El tema que tiene que dar son “las metáforas” y para eso ella elige leerles a sus alumnos dos poemas del Romancero gitano de Federico García Lorca. Entonces saca su librito y empieza a leer. Nos lee a nosotros esos dos poemas. Al principio va rápido y después se detiene con gusto en cada verso. Cuando termina, Graciela relata que se sentía asustada porque era la primera vez que estaba frente a un grupo de personas enseñando algo, y porque además sus alumnos tenían casi la misma edad que ella (alrededor de 20 años). Pero sobre todo confiesa que ha elegido ese recuerdo porque la situación de estar ante un público que espera palabras de ella para entender el mundo es la misma ahora y en ese entonces. Entre la inseguridad de una situación que siempre retorna (la clase, la conferencia, el taller) y la apuesta por un mundo que nos cobije con sus letras, Graciela nos vuelve a desafiar: “Y a mí me gusta seguir aprendiendo. A veces es bueno estar en lugares donde no estamos seguros”.


Ricardo Figueiras, Amanda Toubes, Graciela Montes y Gabriela Pesclevi
La conversación sigue su curso. Toman la palabra Ricardo, que es el marido de Graciela, y Amanda. Los tres son viejos amigos de los tiempos del Ceal y entre anécdotas y chistes se va generando un clima de complicidad que nos descontractura a todos. Gabriela Pesclevi coordina la charla y da pie para que niños y adolescentes de los talleres de esta organización social le hagan preguntas a Graciela. Uno pregunta cómo hace para escribir tantas historias, otro si se identifica con alguno de sus libros, otro le pide recomendaciones para ser escritor. Todos nos animamos a contar algo, recordar alguna lectura, o simplemente mostrar un agradecimiento. Hay una emoción desatada en ese salón que no queremos que se termine nunca. Por mi parte, sé que voy a volver a Paraná afirmando que Graciela es una maestra que me alegra haber encontrado en esta vida.

Yo no sé si es una profesión que recomiendo –responde Graciela a una de las preguntas–. En fin, supongamos que te empecinás. Leé. Los escritores aprendemos a escribir leyendo. Leer lo más variado posible, lo más rico posible, metiéndote por caminos nuevos, leyendo lo que no entendés, aprendiendo otros idiomas… todas esas cosas te abren la cabeza y te dan una herramienta formidable que hay que tener para escribir o para hacer otras cosas, que es la palabra, el lenguaje. Eso sí vale oro. Eso sí se los recomiendo, que todos se lo apropien al máximo, lo más rico posible. Tratando de que no se pierda ni una sola palabra de las que se pueden usar. Ni una. Esa es una acumulación de la riqueza que recomiendo. ¡La única!
Leer, aprender y tratar de entender las cosas nuevas y los espacios nuevos en los que estamos. A mí, pensar siempre me sirvió. Yo sé que algunos dicen “no hay que pensar, solo hay que sentir”. Yo soy de los que siempre trataron de pensar. Qué le vamos a hacer.

Integrantes del colectivo "La Grieta" de La Plata junto a Mile y Lauti

Dedico este texto a quienes nos alojaron durante este paseo: a Andrea y su hija, Gabriela, Vero, Paula, y todo el equipo de La Grieta. A Silvia y Yamil.


viernes, 26 de mayo de 2017

Primeros talleres en la Escuela Hogar

Aprender a leermirar en la Escuela Primaria N° 1 "Dr. César Blas Pérez Colman"

 

¿Cómo aprendemos a leer? ¿Cómo aprendemos a mirar? ¿Se puede enseñar estas cosas?
Este año volvemos a habitar la Escuela Hogar de Paraná, donde el taller, nuestra intervención específica, nos hace arriesgar respuestas a estos interrogantes junto a estudiantes de un primer grado.
En la biblioteca escolar o en el aula, el deseo de aprender a manipular las palabras y el de convertirnos en paseantes por la cultura nos vuelven a atravesar el cuerpo.
Dos libros álbum han sido los ejes de estos primeros talleres: Los misterios del señor Burdick de Chris van Allsburg y Abecedario a mano de Isol.
¿A dónde nos seguirá llevando la aventura del taller?









Los misterios del señor Burdick. Chris van Allsburg

Abecedario a mano. Isol

miércoles, 24 de mayo de 2017


TALLERES SOBRE OLGA OROZCO EN LA ESCUELA Nº 202 "GASPAR BENAVENTO"


Traemos hasta aquí algunas imágenes de los dos primeros Talleres de poesía junto a los y las estudiantes de sexto, en la escuela del viento, la "Gaspar Benavento". 
Este año, comenzamos leyendo un poemario de Olga Orozco titulado "Cantos a Berenice", un libro que explora los misterios y secretos de un "yo" poético que interroga sobre el encuentro, las vidas, la ausencia, de una gata, Berenice.
Trabajamos con el libro en dos encuentros. En el primero, nos estuvimos preguntando qué es la poesía y qué es un taller para cada unx, hasta que arribamos al Canto XV del poemario que llevamos desarmado en papelitos y fuimos leyendo en ronda, paladeando palabras extrañas o que no entendíamos.

Esa misma sensación de extrañeza anduvo también en el segundo encuentro, cuando hicimos collages que escenificaran algunos versos que elegimos del poemario. Después, durante el recreo, junto a lxs chicxs montamos una pequeña exposición en el patio de la escuela. 

Hacia el final de este segundo taller, después de escuchar la voz de Olga haciendo un "haul" (Pueden acceder al fragmento de video en este link https://drive.google.com/open?id=0B0zE5-9aZeTzX1pCQUZwMHNIaFU ) de su obra y un "tag" (https://drive.google.com/open?id=0B0zE5-9aZeTzTEFoMWRxYjVjLWs) con sus fotos familiares, escribimos algunas palabras en el pizarrón que nos hablan de su poética:

Momias de ratones, cementerios de gatos, La noche a la deriva, cartomancia, lenguaje, símbolos, gatos, secreto, En el revés del cielo... y unas cuántas más.


Así empieza este libro de cantos, publicado por primera vez en 1977.

I

Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino,
alguna vez podremos interrogar con causa a esas escoltas de genealogías
que tendieron un puente desde tu desamparo hasta mi exilio
y cerraron de golpe las bocas del azar.
Cambiaremos panteras de diamante por abuelas de trébol,
dioses egipcios por profetas ciegos,
garra tenaz por mano sin descuido,
hasta encontrar las puntas secretas del ovillo que devanamos
juntas
y fue nuestro pequeño sol de cada día.
Con errores o trampas,
por esta vez hemos ganado la partida. 



















Ilustración de Martino para "Cantos a Berenice". Ed. En danza.